El Salmo 2 es casi un compendio teológico de la historia del mundo, comprimido en apenas doce versículos. En él se te ofrece una explicación de por qué el mundo es como es.
No es casualidad que este sea el salmo más citado en el Nuevo Testamento. Su intención no es solo informarte, sino ensanchar tu mirada, obligarte a contemplar el panorama completo para que deseches la necedad y aprendas a vivir en sabiduría.
El salmo puede leerse como una obra en varios actos, pero todos giran en torno a una misma tensión: la rebelión del hombre contra Dios y contra su Cristo, y la respuesta de Dios ante esa rebelión.
El reino del ungido de Jehová
El ruido del mundo y la ilusión de la neutralidad
El salmo comienza con una exclamación de asombro: ¿por qué tanto ruido?, ¿por qué esta conspiración constante? Naciones, pueblos y gobernantes parecen agitados por una causa común: frenar el avance del reino de Dios.
El primer siglo lo dejó al descubierto. Fariseos, saduceos y herodianos, enemigos entre sí; judíos y gentiles, históricamente enfrentados, todos se unieron para quitar a Jesús de en medio. Los cristianos de entonces no vieron esto como una coincidencia política, sino como el cumplimiento directo del Salmo 2.
25 que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? 26 Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Hechos 4:25-28 (RVR1960)
Desde entonces, ese ha sido el punto de convergencia de las ideologías del mundo: borrar al Dios creador y a su Cristo. El problema no es la religión en abstracto. Muchos aceptan una fuerza, el universo, una espiritualidad difusa. El conflicto real es con el Dios que se revela, con el Dios que no se deja redefinir, con el Dios que se muestra en la persona de su Hijo.

“Rompamos sus cadenas”: el resentimiento del corazón humano
David no solo describe la rebelión; expone el núcleo del conflicto: el resentimiento profundo del hombre frente a la autoridad de Dios. Tú también lo conoces. El corazón humano no soporta la idea de rendir su autonomía. Percibe el señorío de Dios como opresión, cuando en realidad es el pecado lo que esclaviza.
Encerrado en la cárcel de su orgullo, de su egoísmo y de su pecado, el hombre se percibe a sí mismo como libre. No quiere un rey. No quiere someterse.
Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros. Lucas 19:14 (RVR1960)

La gracia no llegó a inocentes
Si sigues a Jesús, no olvides que antes de que la gracia te alcanzara, tú eras parte de esta conspiración. Vivías conforme a tu naturaleza, según tus deseos, no según la voluntad de Dios.
3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Efesios 2:3-6 (RVR1960)
Cuando miras al mundo conspirar contra Dios y contra su Hijo, no lo hagas con superioridad. Hazlo con gratitud y con humillación.
La paciencia de Dios y la certeza del desenlace
La reacción de Dios ante esta es risa. No una risa trivial, sino la que brota ante lo absurdo.
Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira, y grande en misericordia. Salmo 145:8 (RVR1960)
Dios es lento para la ira. A veces tarda tanto que comienzas a pensar que no vendrá. Por eso juegas con el pecado. Confundes paciencia con indiferencia. Pero el tiempo de la paciencia no es infinito. El Dios que hoy se presenta como Salvador, un día se presentará como Juez.
No hay incertidumbre en el desenlace.
Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Hechos 2:36 (RVR1960)
Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles. Apocalipsis 17:14 (RVR1960)
Refugiarte en el Hijo
Y sin embargo, el salmo no termina en amenaza. Termina en gracia. La última palabra no es destrucción, sino bienaventuranza. No se trata de buscar protección contra Cristo, sino en Cristo. Dichosos los que se refugian en Él.
El Salmo 2 no te permite quedarte inmóvil. Te llama a pensar, a rendirte, a volver. No te ofrece una ilusión de neutralidad ni una fe cómoda. Te ofrece una verdad incómoda y una misericordia real.
Bienaventurado eres, no cuando logras controlar tu vida, sino cuando aceptas que nunca fuiste su rey y descansas, finalmente, bajo el gobierno del Hijo.






